Crítica: Canción por canción: Radiohead – ‘The King of limbs’, Reino Unido

Published on Febrero 26th, 2011

La banda de Thom Yorke hace un disco más orientado a la música que a las canciones. ‘Little by little’ suena espléndida y se echa de menos una lírica reconocible. Por Manuel Piñón

Han pasado cuatro años desde que me descargué por 10 euros In Rainbows. Aquella vez yo le puse el precio y, a juzgar por el impuesto que ha señalado Radiohead para The King of limbs, dejé una propina de 3 euros en sus cuentas. Aquella medida revolucionaria –decidir lo que pagas a un grupo por su música– contrasta de alguna manera con el pragmatismo (a la baja) del grupo inglés, que prefiere dejarse de experimentos en esta ocasión. Teniendo en cuenta que su nuevo LP contiene 8 canciones y que la mayoría de ellas rondan los cinco minutos, parece más un precio de EP que de “disco grande”, que diría Julio Ruiz. De todos modos, ¿a quién le importan estas reflexiones cuando casi todos ven caro aquello que no sea el gratis total?

Con el aviso por correo electrónico que aguardaba esta mañana en mi bandeja de entrada, llego con un click a la tienda virtual de Radiohead. Allí puedo elegir entre descargarme el disco en formato .mp3 o .wav. Opto por el primero, cuesta tres euros menos. Al fin y al cabo, lo más probable es que escuche este disco casi siempre mientras viajo en metro, rodeado de ruido. Después de efectuar el pago mediante tarjeta de crédito, se inicia una descarga que tarda menos de dos minutos en dejar el disco (ocho canciones y su portada en .jpg) en el escritorio de mi portátil. Arrastro la carpeta al iTunes y un segundo más tarde ya está justo debajo del In Rainbows. Empieza la escucha.

1. Bloom. Es inevitable relacionar la apertura con el final de su anterior disco. Si en aquella canción, Videotape, se oía a un pianista tocando en un andén mientras pasaba un tren rítmico, en Bloom la música viaja en uno de los vagones. Unas primeras notas sampleadas que parecen un homenaje digitalizado a Miles Davis o Charlie Parker, se apagan pronto ante la entrada de Thom Yorke, místico e indescifrable. Hacia la mitad de la canción se suman sintetizadores, cuerdas, metales, ecos y ¿cantos de pajaritos? De repente una mínima pausa y vuelve esa letra que parece un viaje extrasensorial con el cuerpo como geografía. Funciona a la perfección como intro.

2. Morning Mr Magpie. Un punteo de guitarra muteado y enervante marca el ritmo de este “Buenos días, señor Urraca”, la canción borde del disco. “Tienes mucha jeta al venir por aquí”, canta Yorke. “Me robaste todo, devuélvemelo”, completa en una letra que parece sacada del refranero de Los Planetas. ¿Contra quién lanza sus dardos el cantante? ¿A la musa esquiva o a la industria musical? El final con esa aspiradora entrando en la habitación remata algo que quizá sólo era una pesadilla.

3. Little by little. ¡Y por fin llega una melodía reconocible! Una escala de guitarra marcada por unos arpegios que parecen de citar -¿están reproducidos al revés?– se funde con un ritmo que por separado podría ser de samba. Sólo por esta frase ya deberían crucificarme, lo siento, es que me ”vuelo” cuando Radiohead hace una canción que me gusta. Por ahora, mi favorita. Se confirma que esta gente elige muy mal los singles, deberían haber salido con Little by little en vez de Lotus flower.

4. Feral. Jueguecito a base de beats, cortes, recortes… En un disco de los de antes esta pista sería el equivalente al instrumental para separar fases. En una recopilación de rarezas y descartes medianamente seria se habría quedado fuera. Ahora me salen las cuentas: he pagado a euro por canción, ésta venía gratis.

5. Lotus flower. Llega el tema del bailecito de Thom Yorke, ese con el que reclama de nuevo su camisa de fuerza, más que nada para que alguien impida que siga agitando sus bracitos. Prestando atención a la letra echo de menos aquellos tiempos en los que entendía qué me quería contar este hombre. “La luna en un palo”, “coge las flores de loto de mi habitación”… Sólo por curiosidad, ¿de qué demonios va esto? De repente tengo un flashazo y me viene a la mente Tricky. Intento explicarme esta asociación mental y sólo consigo vislumbrar Lotus flower como trip-hop del bajón. ¿Tiene sentido o estoy comenzando yo también a delirar?

6. Codex. Por si alguien no se acuerda de que Coldplay fueron la razón por la que Radiohead abominaron de sí mismos, aquí está Codex. Recuperan su versión más convencional en una canción bonita y emocionante, con unos arreglos muy sutiles que necesitan un punto extra de atención. Ahora sí que pongo la mano en el fuego: se oyen pajaritos claramente

7. Give up the ghost. Parece grabada en la cabaña donde Bon Iver registró su debut. Tiene un puntito góspel genial, pero en vez de llamar a un coro de una iglesia de Harlem, Yorke se acompaña con pistas y más pistas de vocecillas saturadas cantadas por él mismo. Si Bloom era una intro perfecta, Give up the ghost se puede entender como un final anticipado. Mi segunda favorita del disco.

8. Separator. Dos imágenes recurrentes en Radiohead: el estado de duermevela y sentirse como “un pez fuera del agua”. No son los únicos elementos familiares de la última canción de The King of limbs. Está esa batería que parece secuenciada, la línea de bajo alienante, esas guitarras de Jonny Greenwood que siempre me han parecido una versión mejorada de las de The Edge, la voz ensoñadora de ángel raro de Yorke… Como entraron, sin dejar una sensación de estrofa-puente-estribillo, todos ellos se van difuminando hasta desaparecer. A fin de cuentas, a Radiohead hace tiempo que les interesa más hacer música que canciones.

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