Rush hizo vibrar a 45 mil fanáticos con impecable presentación en el Estadio Nacional

Published on Octubre 18th, 2010

Rush en Chile, Copyright rocknvivo.com

Temprano familias rockeras llegaban al recinto de Ñuñoa bañado por el sol. Un niño movía los brazos en el aire tocando batería y su padre le acariciaba la cabeza. Ambos sonreían embutidos en poleras de Rush viviendo una jornada inolvidable para los amantes de la música.

Amigos de abrazos postergados por la rutina y las distancias de la vida se reencontraban en la cancha. Una rockera rubia de caderas anchas y trasero generoso sacaba aplausos de la galería y sonreía con un logo de Rush en un escote que parecía un precipicio.

Incluso un hombre en silla de ruedas acompañado por su enfermera, sonríe al ver su belleza perderse entre cientos de poleras negras.

A las 21 horas se apagan las luces y un cortometraje que se reitera a lo largo del show presenta la máquina del tiempo, artefacto, concepto y metáfora del tour mundial 2010 de Rush.

Con “The spirit of radio” la banda toma el control del escenario. Neil Peart en batería, Geddy Lee en bajo, teclados y voz y Alex Lifeson (guitarra y coros) demuestran que en la música el triangulo formado por bajo, guitarra y batería es la quintaesencia del rock, la magia del sonido.
Con el número 33 grabado en su guitarra Lifeson puntea y riffea con rudeza, fuerza y sutileza. El bajo y la voz de Geddy Lee estremecen y sigue haciendo que miles de jóvenes quieran tocar el instrumento de las cuatro cuerdas. Tampoco el frontman se arruga para frasear con su instrumento, percutirlo, pasar al teclado o erizar la piel con su voz. Y en batería: quizá uno de los cinco mejores bateristas de todos los tiempos: Neil Peart. Preciso, virtuoso, y dinosaurio hace que la batería tiemble entera bajo el ataque de sus baquetas.

Con saludos a los mineros, la proyección de una foto de las celebraciones post rescate que decía “33 salvado” y una bandera chilena sobre el escenario, llega “Stick it out”.

En pantalla aparecen relojes, máquinas y brújulas. Y la banda se encarga de alterar el tiempo, de pasar de los 4/4 del rock al 5/8 y al 7/8 del progresivo, estilo en el que son fundadores y pilares de una forma que sincopea el beat regular, cortándolo y dejando como un puño que te golpea sin aviso.

“Hola Chile, se ven maravillosos, disculpen mi español”, dice Lee agradecido porque Santiago con sus más de 40 mil personas superó al público argentino e incluso al brasileño.

El receso llegó a las 22:08. “Debido a la edad de los músicos hay que hacer un intermedio de 20 minutos para que vayan al baño”, dijo una voz en español y el estadio entero se río.

A las 22:26 ya sonaban de vuelta con el clásico “Tom Sawyer” seguido por “Red Barchetta” y la ejecución del disco “Moving pictures”. En este segmento del show destacó el sólo de Peart de cerca de ocho minutos. Ahí el hombre de los gorritos demostró que ni el paso del tiempo ni la muerte de su hija y la de su mujer en los noventa le han quitado ritmo o fuerza.

La noche terminaba y “Closer to the heart” hacia más dulce el fin con Lee ofrendando la canción a los corazones chilenos apuntando con su índice derecho a la masa.

Se fueron por segunda vez y tras uno segundos de aplausos volvieron con “La Villa Strangiato” y “Working Man”, dos piezas maestras del rock progresivo de la segunda mitad del siglo XX para matar la jornada.

Anoche Rush demostró que no importa cuánto tiempo pase… que hay grupos, canciones y músicas que serán eternas más allá de los terremotos, los cambios políticos, las revoluciones, las muertes o las despedidas.
A la medianoche la gente sonreía, pese al cansancio y a la pega del otro día.

Por tres horas el tiempo se detuvo con Rush “Closer to the heart”.

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